No me creo todavía que seamos campeones del mundo de fútbol. La felicidad que sentí ayer, pocas veces la habré sentido, y pocas veces más la sentiré. Ya no por el título en sí, sino por todo lo que ello conlleva.
Vivo en un pueblo dónde los que animábamos la selección de fútbol (sí, fútbol, un deporte, sólo eso) nos teníamos que medio esconder por no ser señalados por la calle, o por evitar males incluso mayores. Así que esta victoria fue un desahogo monumental. Efímero, pero genial.
Lamentable fue lo que vi después, en la televisión, cuando conectaron con un enviado especial en Madrid. A parte de las repulsiva y repugnantes banderas españolas con el aguilucho, lo que me dolió fue ver gente con la camiseta de la selección, y en lugar del nombre de un futbolista, el mensaje: PUTA CATALUÑA. Pena, mucha pena me dio ver todo esto. Gente que no se dio cuenta de que de los 11 que terminaron ayer el partido, 6 eran catalanes. Más de la mitad.
Es muy triste que haya tanto personaje justito. En todas partes. Des de los que iban con Holanda para creerse más catalanes, a los que odian a Cataluña y le desean lo peor, pero se nutren a base de bien de ella para vivir mejor. Para todos ellos, la foto que ayer me hizo más feliz:




